Juegos de Dios
Enero 20, 2009
- Juegos de Dios.
Al empezar este año, en el trasero de los autobuses urbanos que circulaban por algunas ciudades del mundo se leían carteles que proclaman “Dios no existe” y en el siguiente “Dios sí existe”. Los pasajeros empezaron a temerlos ya que tenían la impresión de que, si los tomaban, se subían en el purgatorio y se apearían en la parada equivocada.
Para estar seguros de lo que hacemos, Shakespeare se adelantó y proclamó su célebre “Ser o no ser es la cuestión”, pensamiento clave para resolver los problemas trascendentales y existenciales del ser humano, es decir, aquellos que le ayudan a realizarse en su breve paso por el mundo, que le dan seguridad, valor, certitud y felicidad en la vida terrenal y, al menos, pese a los percances, justificarían la civilización.
Uno de ellos y quizá el principal, es la verdad sobre la idea de la existencia de Dios, cuya solución no es fácilmente afirmarlo o negarlo, de aceptarlo o rechazarlo, de que sea una ficción verdadera o falsa, de que algo debe haber, de que no hay nada… tal como lo hacemos cuando nos acercamos a las urnas a votar por un” sí” o un “no” y por pura emoción instintiva y enajenamiento mental decidimos que ésto o éste me cae bien y ésto o el otro no, sea bueno o malo…y así nos jugamos el futuro.
Ante la globalización cultural de la civilización, si actuamos instintivamente caemos fácilmente en el error, al contrario de los animales. Al poner en acción nuestra parte natural, la material y biológica, nos hemos sometido sin usar la voluntad a la parte mineral y a lo animal del ser humano que, sin duda, a leguas, no son los mejores recursos del ser humano para acertar. Las animaladas suceden también en la globalización monopólica financiera y política. No es sólo asunto de los pueblos periféricos.
Lo más grave es que, generalmente, ésta decisiones instintivas las tomamos cuando formamos parte de grupos heterogéneos que son los susceptibles de manipulación. El tumulto es un medio peligroso donde tratamos de agradarnos y decimos sí, sí a todo despropósito, valga o sea inútil, sea verdadero falso; y, el efecto, no se deja esperar. El resultado es que la sabiduría de todos se reduce al mínimo y la ignorancia se amplia al máximo. La respuesta es el error.
Se produce el efecto-cadena. Así como la cadena de rompe por el eslabón más débil, la racionalidad social se rompe por lo más vulnerable de nuestro ser: la parte natural, cada vez más carcomida por el tráfico del poder y sus agentes, los que hacen política, los podertraficantes.
Cuando actuamos conforme las leyes de la naturaleza, que son las del poder, del más fuerte, cuyo efecto es romper el frágil equilibrio material y biológico o, en otras palabras, asegurar la vida perecedera, la muerte, hemos otorgado a lo inferior precedencia sobre lo superior: la mente. Hemos actuado contra lo que es característico del ser humano como especie pensante, lo mejor de cada uno. Hemos actuado contra la racionalidad lo cual significa que no hemos hecho uso de la mente, que no nos hemos detenido a pensar sobre el problema y, menos aún, hemos meditado sobre las consecuencias fatales de nuestras peores decisiones.
Aunque parezca lo contrario, el Poder, todo Poder, sea éste político o económico, individual, particular o público, pertenece a la ley de la selva. Y éste reino inferior terrenal del poder es el subyugador de la socieda civil, pueblo o civilización inteligente. Es el hacedor de “sus” leyes para organizar el asalto a la creación, cuya hambre devoradora se traduce en poder, y a más hambre más poder y a más poder más hambre de poder hasta el final.
¿Por qué sucede esta estupidez humana de doble sentido? La ambición de ser verdugo de su pueblo y la del pueblo de auspiciar su propio verdugo para su propio suicidio. Por la simple razón de que no utilizamos debidamente nuestra mente para las decisiones claves, como la de gobernarnos adecuadamente, puesto que nos hemos acostumbrado a no resolver las cuestiones trascendentales y existenciales, lo cual es inexcusable ya que éstas son evidentes si utilizamos nuestra mente.
Utilizamos la mente apenas un diez por ciento para resolver nuestras necesidades económicas y culturales individuales o sociales. La utilizamos cero-por-ciento cuando nos dejamos manipular en masa electorera, con lo cual crece cada vez más y más el estado de sitio social que hemos dejado que nos imponga la política o partidocracia impuesta por los podertraficantes o clientelismo.
El ateo apolítico dice: Soy libre, no existe Dios. El creyente no-practicante: Hay Dios, soy libre. Por lo tanto, sin Dios no hay libertad o sin libertad no hay Dios o todo lo contrario.
Esta contradicción nos indica que: para decidir si existe o no existe Dios; lo primero, es necesario ser libre. Si no se es libre no se pueden opinar, como sucede en Cuba castrista. Allí el régimen tiene la palabra y lo que dice Castro eso es, así no sea, como no es. Algo parecido a lo que está sucediendo en el Ecuador correista, lo que proclama Correa eso es, así no sea, como no es. Estos dictadores endiosados, como en todo totalitarismo, son la negación de la verdad.
Afirmar o negar la existencia de Dios es un asunto de ser libre. La condición es la libertad y lo único libre que dispone el ser humano es la mente. La mente es secreta e inviolable cuando no está atada a los instintos ni a ningún poder. Si pensamos lo hacemos para crear, para construir en relación con la convivencia, con los demás. Por lo tanto no hay mente sin libertad ni libertad sin mente.
La mente tiene todas las propiedades del Dios bíblico y de todas las religiones monoteistas: es presente, para siempre, salvadora, protectora, etc. Entonces la mente es lo mismo que Dios. Si existe la mente, existe Dios. La mente existe, está aquí y allí donde todos, y eso…es Dios. Este Dios no creó ni el universo ni la naturaleza. Nació con el hombre para controlar las imperfecciones, el poder caótico de la materia y de los desórdenes biológicos.
Creer en Dios no es una simple creencia. Es utilizar nuestra mente en la única forma como funciona: con libertad; para hacer lo único que hace la mente: crear, sin necesidad de recurrir al poder, porque la mente es un don, la capacidad de las capacidades. En cambio del poder es naturaleza animal, es la negación de la libertad; por lo tanto, de la mente, de Dios y la ausencia de las capacidades.
Como todo en la naturaleza, el poder aparece y crece para y destruir y morir. El poder es naturaleza, donde determina el más fuerte sobre los debiles. Su contrapartida es la mente, el humano racional. Poder y mente son antítesis, por eso la humanidad es una contradicción de fuerzas. Es una era de desequilibrio social y estancamiento de civilización que perdura mientras exista la partidocracia y el podertráfico que nos atonta con la droga del poder.
Nuestro célebre Guayasamín pintó con su mente limpia la tragedia de la explotación indígena y su obra póstuma fue la construcción de la Capilla del Hombre. Con su gran esfuerzo de creación artística conoció y comprendió perfectamente donde habita Dios, que es el ser humano restándole lo que de naturaleza posee.
Los pueblos no pueden soportar el poder de la competencia desleal de las oligarquías políticas y económicas, ni el poder del impedimento de nuestras capacidades productivas culturales y económicas por parte del izquierdismo devorador. Basta al poder, fuera la política. Debe empezar la era social, de la mente libre, de la capacidad creativa. La era del Dios salvador que está en nosotros.
Los ciudadanos libres, creativos, constructivos y creyentes en el don eterno y salvador humano votaremos en las próximas elecciones por el VOTO NULO para iniciar una lucha efectiva contra todo gobierno del sistema político del poder monopólico de minorías de opresión y saqueo social y, en especial, contra el actual régimen, que es la versión extremista del exterminio social.
Más reflexiones en la próxima entrega o www.mov-sol.com. Más pensamientos sobre estos temas en el libro “Claves, ficciones y realidades humanas” de Raulmanla, con descubrimientos intuitivos inéditos sobre las realidades sociales y humanas para entendernos mejor.
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Raulmanla. www.mov-sol.com / sol@mov-sol.com
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